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viernes, 23 de diciembre de 2011

Feliz Navidad

Vaya, ya es Navidad. Se nos ha venido encima casi sin darnos cuenta. Aunque este año parece que se nota menos. Con esto de la crisis y las nuevas y ahorrativas luces leds, que alumbran menos que un candil, estamos de un triste... Pero, que no decaiga, si al final haremos lo mismo de siempre: cantaremos, beberemos, comeremos... Seremos más buenos que el resto del año. ¡Feliz Navidad!, gritaremos con una sonrisa de oreja a oreja, aunque por dentro pensemos: ¡Que te follen!. Así somos los humanos. Ahora toca ser feliz y querernos todos mucho. Sabéis lo que os digo: ¡Ojalá fuera Navidad todo el año!.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Nos vamos de viaje al País Vasco

Preparar un viaje para un grupo de amigos no es tarea fácil. Reuniones a las que casi nunca acuden todos, desacuerdos en el itinerario, comidas programadas o no, iré o no iré... Todos los años la misma historia y van once. Este año, como hay días de sobra decidimos ir al País Vasco o Vascongadas, como a más de uno le gusta denominar. 
Nuestro grupo se llama AMICAL, amigos del carnaval, porque durante muchos años fuimos una comparsa de carnaval, con nuestro tipo y nuestras músicas y letras y....nuestras buenas juergas. Fuimos Angelitos negros, embaucadores "Rapeles", Patricios romanos y hasta sugerentes coristas del Far West. Pero eso será otra historia. Ahora toca viaje.
El primer paso consiste en preparar las maletas. Odio hacer maletas. Siempre pensamos llevar pocas cosas, pero al final, sin saber como, llenamos la maleta grande, el bolso de los trajes, la bolsa de aseo y algunas bolsas más.


Y, después de algunas horas de preparativos, por fin llega el momento de partir: Sábado 3 de diciembre a las 22:00 horas, recinto ferial de Lucena.




Unas cuantas horas más tarde, ya de buena mañana, llegamos a nuestra primera cita con el Norte: Pamplona. El viaje bien, alguna que otra cabezada, alguna que otra peli..., en fin , no se hizo muy pesado.

Iruña, como se conoce Pamplona en euskera, no debe ser lo mismo en diciembre que en julio y los Sanfermines. Me refiero al ambiente que cautivó a D. Ernesto (Hemingway) y le inspiró "Fiesta". Uno se cree que Pamplona es una explosión continua de excesos carnales y no... no es así.

La mítica Estafeta. Un reloj nos marca lo que falta para San fermín. Como en Lucena el reloj del Horquillo.



Y la famosa curva donde se caían los toros. Se caían, porque ya no se caen merced a un líquido que echan antes de que salgan los toros.

Seguimos corriendo con ese valor que se nos supone, con esa increíble mística que mezcla la locura humana, el toro y la muerte. Así llegamos a la Monumental, tercera plaza en aforo del mundo, gracias a la chapuza, también monumental de Moneo. Nos recibe un busto de Hemingway, cabezoncillo el hombre.




Esperando a los morlacos.



Después de la carrera llegamos a la Plaza del Castillo. Pues como todas las plazas. Con su quiosco de música, sus bares y terrazas y... una de las cafeterías más bonitas que he visto: cafetería Iruña y su rincón reservado para D. Ernesto







Ya dejamos Pamplona pasando por el Ayuntamiento, desde donde nos dirigimos en busca del Santo para entonar el "pobre de mí".





Aquí acuden los mozos todas la mañanas de las fiestas antes del encierro.

Tras la comida, bastante correcta, en Dodo Club, partimos rumbo a Gasteiz (nombre vasco de Vitoria, no porque sea euskera, sino por sus orígenes en la Aldea Gasteiz), un poquito hechos polvo, pero contentos de poder dormir un rato. Nosotros, Lola y yo, lo hicimos, pero algunos no pararon de charlar. Me quedé frito, hasta que le oí exclamar a Domingo: "¡y dije yo, esta perra no puede cagar!". Que profundo. Después me enteré que le habían estado contando a los de Montilla lo del embarazo fantasma de la Backhi, su perrita, así llamada por su color blanco como el de Beckham (cuando jugaba en el "Madrí" claro).

Por fin llegamos al hotel y nos instalamos en las habitaciones. Cómodas y agradables. En este aspecto el NH Canciller Ayala es bastante correcto. El desayuno muy bueno. Como nota más negativa la cafetería, bien servida pero cierra pronto y es cara, aparte de no tener tónica schweppes ni seven up.





Después de instalarnos, nos fuimos a dar una vuelta para conocer el ambiente y los famosos pintxos. Antes dimos un paseo por el parque donde estaba instalado un gran Belén con figuras a tamaño natural.






La gente echa monedas al Niño y pide un deseo.

Esta primera noche no dimos con los sitios adecuados. Nos dio la impresión de que en Vitoria no había bares, pero aún así lo pasamos muy bien. Es más cuando, al día siguiente, vi las fotos del quiosco de música lo confirmé.







Hasta aquí solo ha pasado un día desde que salimos de Lucena. Estamos cansados pero felices.
El lunes día 5 nos levantamos a las 8:00 y, después de un buen desayuno nos sorprendemos con la noticia de que nos han robado en el autocar. Carlos, el chófer, estaba el pobre descompuesto: "nos han entrao, César, nos han entrao". Afortunadamente no habíamos dejado gran cosa en el coche. Sólo se llevaron el anís y el vino que dejamos arriba, incluido el oporto de Mariceli Plaza. ¡Ah! y los guantes de Domingo.
Así que, después de una copita del mono a pie de autocar, partimos rumbo a Donostia con el cielo encapotado y lloviendo a mares por momentos.





Aprovechando un clarito visitamos la playa de la Concha. Una maravilla.

Y allí, en el extremo occidental de la bahía, de repente, confluyen tres estructuras de hierro retorcidas, en perfecta consonancia con el viento y la mar, dando una impresión mágica de atemporalidad, como si estuvieran allí desde el principio de los tiempos. Hay que estar allí para poder intuir parte de lo que Chillida ha querido dejarnos para siempre. He aquí el Peine del Viento.







El mar se sirve del viento para expresarse con palabras a través de esos agujeros en días de poco oleaje, pero en este día soltaban verdaderos chorros de agua que no pude captar.


Al final pudimos subir al Monte Igeldo, desde donde las vistas son increíbles. Allá en lo alto lo que vimos es un parque de atracciones un poco cateto. Para mí decepcionante. Aunque también está el hotel Igeldo y el restaurante  Akelarre, que no lo vimos.. Me quedo con las vistas, de lo mejor de San Sebastián.









Después visitamos el centro histórico y el puerto, muy chiquito, que ha cedido su importancia de otros tiempos al de Bilbao.






Esta es la Plaza de la Constitución, donde se hacían corridas de toros. De ahí que los balcones estén numerados ya que eran los palcos. Los dueños estaban obligados a cederlos y quien cobraba era el Ayuntamiento.






Luego algunas calles de pintxos, incluida la Mejillonera donde mi cuñado Miguel solía ir cuando la mili.




Comprobado, Donostia, a mi juicio, no le llega a Córdoba en cultura, tradición y legado histórico, ni a la suela de los zapatos. Independientemente de que su entorno natural sea una maravilla.

Comida decente en el restaurante Iñausti, con vino malísimo, peleón, por el que ni la camarera daba un duro. Lo cambiamos con el correspondiente recargo.

Por la tarde dirección a Hondarribia (Fuenterrabía en castellano).



Al fondo la costa francesa (Hendaya).



Regreso al Hotel y nueva salida a la noche de Vitoria. Después de algún escarceo por el bar de las vistas a las "montañas rocosas", recalamos en el famoso Sagartoki, visita obligada de cualquiera que guste de saborear un buen pintxo.. Como digo, buenas tapas de diseño espectacular y servicio inmejorable.




Día 6. Diana a las ocho y buen desayuno. Esta vez sin robos. Subimos al autocar y ponemos rumbo a Bilbo (Bilbao en el idioma de esta gente).
Primera visita el Museo Guggenheim Bilbao. Es un museo de arte contemporáneo diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gerhy. Me encantó. Impresionantes sus paredes de titanio retorcido. Esas formas curvas que a mí me recordaban como varios barcos entremezclados en una forma única, como las obras que encierra.




Al fondo se ve el Puente de la Salve que es englobado por el edificio en una imaginativa solución ideada para evitar su demolición.






La araña y la ría




Paseo por el casco viejo y las 7 calles






Aquí nos comimos  una de las mejores carnes de nuestra vida. Por lo menos eso nos aseguró el camarero. ¡Qué figura!.



Comida muy decente en en el restaurante Montenegro (muy ricas las alubias) y visita, por la tarde, al puente colgante de Portugalete.









El Puente Vizcaya es un puente transbordador de peaje, concebido, diseñado y construido por la iniciativa privada entre 1887 y 1893, que une las dos márgenes de la Ría del Nervión en Vizcaya, y fue inaugurado en 1893, siendo el primero de su tipología del mundo.




Periodista de la ETB: ¿Qué opina de las máquinas expendedoras, como las de café?.
Rafa Buendía: Pues muy bien , pero las de condones menos porque vienen "picaos" algunos y esooo...
Risas de la periodista y del cámara.
Rafa Buendía: Pero esto ¿es de verdad?.
P. de ETB: pues claro.
R.B.: ¡Papa que yo estoy mu bien aquí, que no me quiero ir!. (Con acento caló).

Más o menos así fue la entrevista más surrealista de los últimos tiempos.

Y con esto y un bizcocho...

Día 7, nueve de la mañana. Después de un buen desayuno nos damos una vuelta por Vitoria con la guía.
No sé por qué, pero las fotos que hice no me dicen nada, por lo que no las voy a publicar. De todos modos lo más importante de ese día fue la comida de gala en el Sagartoki. Genial. Sobremesa hasta cerca de las nueve de la noche. Guardamos un buen recuerdo. Bueno... el que se acuerde, porque allí el que y el que menos se puso más bien ciego. Y no quiero señalar a nadie.




La tapa estrella: huevo frito con patatas.


También las alcachofas con salsa de pistacho.



Parece que hay hambre.




¿Alguien puede explicar esto?




Manda huevos


Soy vampiro de cortijo



Pero... ¿esto qué es?




Pues resulta que Pepe Rufián hizo la mili en Vitoria y se empeño en buscar el bar donde solía ir: Los Manueles, cuyo dueño era de Córdoba y donde se podía beber vino de la tierra. Así que después de la comida nos fuimos a buscarlo y lo encontramos, al parecer tal como era.






Después de aquí a la cama y hasta mañana.

Día 8, ocho de la mañana. Buen desayuno y rumbo a la Rioja Alavesa.
Laguardia será nuestro destino y allí visitaremos la bodega El fabulista, así llamada en recuerdo de Samaniego, natural de Laguardia y famoso por sus Fábulas.











Laguardia está totalmente hueca y abundan las bodegas subterráneas como esta.



Paisajes de Laguardia con la bodega  Ysios de Domeq diseñada por Calatrava.


Comida mala de solemnidad en el restaurante Marixa. Gente desagradable y comida asquerosa. No recomendable.
De regreso visitamos Labastida y vimos las bodegas de Marqués de Riscal con su hotel, imposible de visitar, que nos ofrece el vanguardismo de su fachada, cubierta de titanio rosa, rojo y dorado, como los tonos que visten las botellas que comercializan.








Y ya volvemos para Vitoria, hoy con cena concertada. Antes un paseo por la ciudad y de compras en un mercadillo que descubrió Pepe Rufián. Buenas anchoas y alubias.

Cena sobresaliente en La Bilbaina. Todos quedamos muy satisfechos, incluido Pepe aunque tuviera que ir a urgencias debido a un pequeño accidente: esguince de tobillo grado I. Sin complicaciones.

Después de la cena a casita a dormir que se acabó el turrón.

Día 9, ocho de la mañana. Otra vez con las maletas para abajo. Desayuno como siempre y este día descubrimos que hay huevos con distintas guarniciones y no nos habíamos enterado. "Espabilaos".
Subimos al autocar y a dormir otra vez, poniendo rumbo a casa.
Parada en Aranda de Duero para un descansito y más compras.
Comida regular en restaurante El Molino de La Guardia (Toledo) y reanudación del viaje. Peliculitas y dormir. Así hasta llegar a Lucena, previa parada en Montilla para dejar a los de allí.

Llegada a Lucena y cada mochuelo a su olivo. Hasta el año que viene si Dios quiere y la crisis lo permite.