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domingo, 5 de febrero de 2012

El fantasma de las Navidades pasadas

      ¿Os dais cuenta?. Ya ha pasado más un mes desde que acabó la Navidad. Cualquier día de estos vendrá a visitarme el "fantasma de las Navidades pasadas" y, como a Ebenezer Scrooge, me llevará a dar un vistazo y me pedirá cuentas por todos aquellos deseos y promesas no cumplidas. No creáis que me identifico con ese señor, pero me vale como figura literaria para enlazar con lo que seguirá. 
      La Nochebuena es, sobretodo, un gran invento que es capaz de unir, al menos por una noche, a las familias. Resulta curioso comprobar como una cena resulta ser tan buen aglutinante de padres, hijos, sobrinos, tíos, cuñados... "Todavía sois capaces de sorprenderme", me comenta perplejo mi fantasmilla.





Es fundamental una mesa bien puesta

        Tengo buenos recuerdos de mis nochebuenas. Aunque si lo pienso bien, siempre hacemos lo mismo. Pero disfrutamos mucho, tengo que reconocerlo. Creo que sí hemos sabido transmitir a nuestros hijos lo que, en realidad, es el espíritu de la Navidad. Y creo que, últimamente, ellos son quienes lo mantienen encendido. Porque los mayores...











La abuela también se suma a la fiesta, pero ya no es lo mismo.








                                                                                                                                                                 
          La fiesta se alarga y el fantasma está que trina: "normalmente yo enseño las miserias de la gente, pero aquí os lo pasáis bien". "Bueno, le replico, no siempre es así, al menos del todo". Es muy difícil que todo salga bien,pero se intenta.
          Después de disfrutar todos juntos durante el día de Navidad y del siguiente, por aquello de ser domingo el día 25, dejamos el campo (en perfecto orden de revista y todo apagado) y cada uno a su casita. El fantasma, sin pedir permiso ni nada por el estilo, me coge en volandas y nos damos una vueltecita por el último día del año.
             El 31 de diciembre no es sólo el último día del año. También puede ser el último de cada una de nuestras vidas. Decimos: "año nuevo, vida nueva". Y tenemos la esperanza de que así sea. Pero un segundo después decimos: "O..., por lo menos, que el año que viene sea como este". ¿Por qué?. Si todos los años nos hacemos promesas de cambio, que si vamos a hacer esto o lo otro...¿Por qué no lo intentamos de una vez?.
              ¡Puaff!. Aburres hasta al fantasma.


Cena por todo lo alto en casa de los Ramírez





Aperitivos de diseño




Preparando las uvas de la suerte







Explosión de alegría. Brindando por 2012







                  ¿Qué más se puede pedir?. El Sr. Scrooge se hubiera muerto de la envidia. Entramos en el año nuevo tal como entramos en el viejo, la verdad. Siempre con una buena fiesta y deseándonos lo mejor. Después será lo que Dios quiera...
                           Los días que siguieron los empleamos en , primero pensar, y luego comprar el regalo de nuestro amigo invisible. A pesar de la crisis la gente echa el resto e intenta sorprender con un buen regalo. El día 5 llegó y con el los Reyes Magos y su Cabalgata. Como todos los años, después de verla pasar en el Bar Jardín, preparamos en casa unas copas y algo para picar. Allí nos reunimos la familia con los amigos que quieran ir para terminar de ver a los Reyes.







              Cuando pasa la Cabalgata, es costumbre nuestra que cada cual vea lo que los Magos le han traído. No podemos esperar una noche más y, la verdad es que es muy bonito. 






               
         
                    "Pero ¿no veo a nadie abriendo los regalos?", me dice el fantasma. "Es cierto, le respondo, pero sí los abrimos. Y, además, este año había un regalo un poco especial, pero ocurrió algo que no nos dejó disfrutarlo como se merecía". "Pues ¿qué pasó?", me pregunta. Después de un rato pensando, intentando recordar lo que en verdad pasó, le digo: "Nada, no ocurrió nada. ¿Sabes?, el dicho ese de piensa mal y acertarás, no siempre se cumple". El fantasma, pensativo, hace un gesto afirmativo y me espeta: "habrá que confiar en que el nuevo año arregle el malentendido". Dicho esto desapareció sin más.